Soy un electricista... como Dios.
Mediante analogías de la biblia se evidencia el pensamiento judío-cristiano. El padre es el dueño de la mujer. La monstruosidad de la norma es dictada por el padre en el contexto de una generación que se devora a sus hijos, el imaginario erótico del padre se apodera del de la hija, porque la vida imaginaria de la niña es una fantasía de su captor que comprime, mancilla y oculta a la niña para que no crezca, para que sea su cloaca, aplicando las lecciones de la carne, la escuela de las secreciones, el mandatos de los jadeos y la mecánica de los fluidos, abriendo ventanas en su imaginación para mostrarle las ventajas de ser niña ante el mundo que le asecha a la mujer: nacimiento, copulación, muerte; incisión, ablación, sutura.
Este monólogo o unipersonal es resultado de un hecho real ocurrido en Austria llamado el “Caso Fritzl” que salió a luz pública en el 2008. El 28 de abril Josef Fritzl confesó que encerró a su hija en un zulo sin ventanas durante 24 años y tuvo con ella siete hijos. Mantenía a su hija drogada y maniatada en casa. Según dijo la Policía, Fritzl, quien había asistido a cursos de formación profesional en la rama de electricidad construyó una prisión a través de una pequeña puerta escondida que se accionaba mediante un código secreto que sólo él conocía.

Mantenía a su hija drogada y maniatada en casa.